Estimados lectores:
Una Navidad más que celebramos juntos. Y son muchas ya. Quizá esta perspectiva del tiempo sea buena traerla a colación para relativizar en la medida de lo posible el desánimo que en la mayoría de nosotros causa esta terrible crisis en la que estamos inmersos.
Desde 1.998, les he felicitado navidades, en momentos de euforia, de crisis, tranquilos, exaltados, ha habido de todo, puede que no tan duros como estos momentos, pero ha habido de todo. Al final las cosas pasan, todo pasa, incluso esta crisis pasará.
Estos días del año son muy especiales. Por complicadas que estén las cosas desde el punto de vista económico, es una oportunidad única para que disfrutemos del mayor tesoro que puede tener esta vida: la familia.
Personalmente echo mucho de menos en estos días, a mi padre, también a mi madre, que aunque siga viviendo su cuerpo entre nosotros, su mente hace mucho que se fue a algún universo paralelo lejano. La miro mientras escribo estas líneas en el ipad, a los pies de su cama en el hospital, y veo su rostro. En realidad ha vuelto a ser niña. Si la vieran, tiene los mismos gestos de una niña. Ha vuelto a esa inocencia que creía perdida. También a mi hermano que falleció hace ya muchos años en un fatídico accidente de tráfico. Los echo de menos a todos siempre, pero en estos días más que nunca. Pero lo bellísimo, es que todos ellos siguen en mi mente y en mi corazón, en realidad nunca se fueron.
Pero me sacudo rápidamente la nostalgia en cuanto pienso en lo maravilloso que es vivir. En disfrutar de la familia que aún está entre nosotros. Los jóvenes de mi familia pisan fuerte. Y los de la suya querido lector también, la juventud siempre pisa fuerte y son el futuro. Y uno con el corazón curtido de mil batallas y cien mil carreteras, se sigue contagiando de su ilusión y de su fuerza.
Cuando era joven, con veintitantos, con treinta y tantos, era un trader apasionado (lo sigo siendo), trabajaba mucho, horarios interminables, mucho más aún que ahora. Llegaba a operar en la sesión europea, en la sesión americana, y a ratos en la sesión asiática. ¡Full time! Pero aún así, siempre, siempre, encontré un hueco para compartir el día a día con mi hija, con mi esposa, con toda mi familia. Nada vale más que eso. Nada. Nunca perdí esa costumbre. ¡Y menos en Navidad! Porque ahora que lo veo con más perspectiva jamás me hubiera perdonado perderme un solo minuto de la infancia de mi hija por ejemplo.
¡Jamás me habría perdonado perderme la magia de la Navidad con todos!
En 1985 lo deje todo para entregarme a los brazos del trading, solo por una cosa. En busca de cumplir el sueño más grande de mi vida: la libertad. Y creo que lo conseguí, exclusivamente, por el apoyo de mi familia, que siempre entendió y comprendió mi decisión.
Es tiempo de familia. Y yo tengo dos. La mía natural y....ustedes. Por que ustedes, queridos lectores, son también mi familia. Si ustedes supieran la de mañanas de enfermedad que me he levantado medio arrastrándome, porque sentía que ustedes estaban ahí tras la pantalla de mi ordenador, y eso lo valía todo. La de veces que las desgracias han acosado a la familia, pero mi otra familia, ustedes, nos daban ánimos y aliento.
¿Cómo se puede olvidar el apoyo de miles de lectores que viven con ilusión cada día, tantas horas junto a un servidor?
Y como ustedes son mi familia, no pienso consentir que pierdan jamás sus sueños de libertad en los mercados financieros. Lo daré todo para conseguirlo. Esta es mi promesa de Navidad y de fin de año. ¡Y no se crean que hablo por que sí, tengo mis planes :-)!
Olviden la crisis. Piensen en sus sueños. ¿Quieren vivir conmigo y todo mi equipo otro año luchando por nuestros sueños?
Yo estoy dispuesto.
Gracias a todos por estar ahí. Gracias a todos por ser mi familia. Gracias a todos por dar sentido a cada mañana. Gracias a todos por tantas lágrimas y risas compartidas.
Feliz Navidad y Feliz año 2013.
Cárpatos. 24 de diciembre de 2012. Desde una habitación de hospital, pero siempre lleno de sueños.
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