Según el Financial Times, la Oficina de Aduanas de EE. UU. (CBP) ha decidido que los lingotes de 1 kilo y 100 onzas ya no estarán exentos de aranceles. Esto rompe con décadas de práctica, donde se clasificaban como “bullion”, es decir, oro de inversión libre de impuestos.
La medida llega pocos días después de que Suiza abandonara Washington sin cerrar un acuerdo comercial. El momento no es casual: Suiza refina el 90 % del oro de mina a nivel mundial.
Hasta ahora, las rutas comerciales funcionaban con eficiencia: – Londres y Nueva York intercambian lingotes grandes. – Suiza los refina a tamaños estándar para clientes internacionales. – EEUU los importaba sin trabas fiscales. Eso ya no será posible.
El resultado inmediato: el oro en EEUU será más caro que en el resto del mundo. Y lo que es más grave: se rompe la sincronía entre mercados que operaban bajo normas compartidas desde hace décadas.
UBS advierte que si otros países replican los aranceles, las cadenas globales de suministro de oro podrían sufrir disrupciones severas. Las consecuencias irían mucho más allá del precio: afectan también la financiación, el arbitraje y la liquidez.
Ya se están viendo señales claras: El mercado EFP (Exchange-For-Physical), que permite a los traders intercambiar futuros del COMEX por oro físico en Londres, ha registrado tensiones históricas.
El spread entre el oro spot y los futuros a un mes ha alcanzado niveles récord. Muchos operadores están cerrando posiciones cortas ante el cambio regulatorio, elevando la demanda de oro físico y financiación en Londres.
Esto era lo que el mercado temía (y descontaba) desde enero, pero hasta ahora no había claridad. Hoy, con una carta oficial de la CBP fechada el 31 de julio, se confirma: el oro importado ya no será tratado como antes.





