Durante años, el ahorrador conservador ha asociado seguridad con depósitos, cuentas remuneradas y renta fija. Pero en la España actual, donde el coste de la vivienda, los servicios y los bienes básicos crece más rápido que la rentabilidad neta de muchos productos conservadores, unido a la anormal correlación que experimenta el mercado de renta fija con la renta variable, nos hace preguntarnos si en nuestra tradicional concepción del riesgo, no debiéramos introducir el concepto riesgo de no invertir o riesgo de tener el patrimonio en productos que parecen seguros, pero que pierden poder de compra año tras año.
Una nota; En abril de 2026 el IPC adelantado en España se situó en el 3,2% interanual mientras que los precios de la vivienda subieron un 12,9% en el cuarto trimestre de 2025. No se trata de enmendar al IPC, pero es bueno entender que coste de vida e IPC no son la misma cosa.
Frente a esto, los depósitos no ofrecen más de un 1,75% y la renta fija de alta calidad mejora algo la foto (2% – 3,5%) pero no cambia la conclusión y es que una cartera sin renta variable puede parecer prudente a corto plazo, pero puede ser imprudente a largo, si no protege el poder adquisitivo del inversor.
La renta variable, entonces, deja de ser un lujo especulativo para convertirse en una herramienta fundamental con la que preservar el poder adquisitivo a largo plazo, reduciendo el riesgo de la misma.




