Empezaré este artículo con unas preguntas dirigidas a ti, querido lector…
¿Crees que lo que perdura se ha construido sin una pasión que lo hiciera iniciar?
¿Piensas que, sin constancia y perseverancia, las cosas se consiguen?
¿Alguna vez pensaste que la paciencia es una virtud que solo consigue hacer perder el tiempo?
¿Soñaste tal vez con que lo que uno más desea conseguir, está libre de obstáculos y piedras que nos hacen caer mil veces?
¿Crees que la disciplina impuesta es la fórmula para hacer las cosas o que tiene que nacer de ti?
Ahora, vuelve a hacerte estas preguntas pensando en aquello por lo cual te está haciendo leer este artículo: el mundo de las inversiones.
Te contaré algo personal…
Cuando descubrí este mundo, me enamoré perdidamente, vivía por y para ello. Obsesionada en aprender, leer gráficos, estudiar, día tras día sin importar si era martes o sábado, si era enero o agosto.
Horas y horas de dedicación, sin obtener ningún resultado en sus inicios, pero el motor que me mantenía ahí era más fuerte que todo.
No era solo dinero lo que me movía, era mi pasión.
La perseverancia se convirtió en mi segundo apellido y la paciencia en mi tercero. Siempre había algo que aprender, que mejorar, que pulir, un sistema que construir, que probar.
Pasaron algunos años antes que los resultados empezaran a aparecer y aún en momentos difíciles, pensaba que lo realmente importante se construye poco a poco y de forma sólida, y que los avances, aunque no los viera estaban, porque el camino lo estaba construyendo y siempre era más claro, más que ayer y eso me sostenía en los momentos más duros.
Viví etapas muy difíciles, de aquellas de no ver la luz, pruebas que no salían, pérdidas que dolían más por el fracaso de autosabotearme mil veces y no ser capaz de parar a tiempo.
Muchas noches sin dormir, muchas lágrimas, muchos “hasta aquí”, oscuridad que se hacía eterna donde solo tenía una cosa a la que agarrarme: la fe en mí.
Y atravesando todo este desierto, a lo largo de los años, fui descubriendo la clave para salir de él: que con todo lo vivido y lo duro que había sido ya no quería seguir haciéndome daño.
Que la disciplina no la conseguiría TENIENDO que tenerla, sino QUERIENDO tenerla.
Y a partir de ese punto de inflexión, todo cambió.
Te invito a reflexionar sobre esto y mucho más en esta sección de artículos de Psicología del Inversor que inicio hoy, porque el camino hacia el éxito es largo y duro sí, pero todo empieza y termina en ti.




