Si este evento se hubiera celebrado hace unas semanas, mi discurso habría sido muy diferente.
Pero nos encontramos, una vez más, en un mundo distinto.
Nos enfrentamos a una profunda incertidumbre sobre la trayectoria de la economía.
Ninguno de nosotros puede resolver la incertidumbre sobre cómo evolucionará la guerra con Irán.
Nuestra respuesta se basará en nuestra estrategia de política monetaria, que está bien preparada para ayudarnos a navegar este entorno.
Hay dos factores en los que centrarse al abordar shocks energéticos inflacionarios:
El primero es la intensidad y la duración del shock.
El segundo es la propagación del shock, que depende del entorno macroeconómico en el que impacta.
El shock inicial, por ahora, sigue siendo menor que en 2021-22.
Hay dos elementos clave sobre cómo podemos calibrar la política en este entorno de incertidumbre:
El primero es la agilidad, adoptando un enfoque reunión a reunión y dependiente de los datos.
El segundo elemento es centrarse en los riesgos.
Debemos tener en cuenta no solo el escenario más probable para la inflación, sino también los riesgos y la incertidumbre en torno al escenario base.
Los shocks de oferta a menudo se presentan como si ofrecieran a los bancos centrales una elección binaria:
O bien ignorarlos, o reaccionar cuando las expectativas de inflación corren el riesgo de desanclarse.
No actuaremos antes de tener información suficiente sobre la magnitud y persistencia del shock y su propagación.
Sin embargo, tampoco nos quedaremos paralizados por la indecisión.




